Comer en Avándaro no se parece a comer en la ciudad. Las mesas son más chicas, el servicio es más pausado, los lugares cierran a las nueve de la noche. No es desorganización. Es el ritmo de la zona, y entenderlo es parte de aprender a disfrutar el lugar.

Carta corta, producto fresco

Los restaurantes en Avándaro suelen trabajar con carta corta. No por simpleza, sino por la logística del bosque: los productos llegan dos o tres veces por semana, no hay grandes bodegas, y la cocina trabaja con lo que tiene cada día. Eso significa dos cosas:

  • Algunos platos pueden estar agotados un domingo en la tarde.
  • Lo que se sirve, se sirve fresco, sin congelados intermedios.

La cocina italiana tiene presencia fuerte en la zona. Beto's Pizza pertenece al lado clásico de esa familia: pizza al horno tradicional, alcachofa al fuego, pasta italiana hecha en casa, vino de la carta corta. Cocina italiana sin reinventarse cada año.

La paciencia de la mesa

El segundo cambio es el tiempo. En la ciudad uno se sienta y espera que el plato llegue en quince minutos. En Avándaro, no. Una pizza al horno tradicional necesita su tiempo de cocción, una alcachofa al horno también, y una rueda de parmesano se prepara cuando ya estás sentado en la mesa. Entre plato y plato hay pausa, y esa pausa es parte de la experiencia.

Quien viene a Beto's Pizza esperando comer rápido se va a frustrar. Quien viene a sentarse, abrir una botella, mirar por la ventana al bosque y dejar que la cocina trabaje, sale contento. Los cincuenta y un años del restaurante en Avándaro están construidos sobre esa segunda forma de comer.

Tres reglas para el visitante

  • Reserva. Las mesas son pocas y la zona se llena los fines de semana largos.
  • Llega con tiempo. La pausa antes de sentarse también se disfruta.
  • Pregunta qué está bueno hoy. En cocinas pequeñas, la respuesta cambia según lo que llegó esa semana.

Te esperamos de jueves a domingo, en Avándaro.